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06 Julio 2011
Evidentemente la fidelidad de Cristo hacia nosotros no va a fallar. La invitación a ser sacerdote proviene de Él y el ser sacerdote nunca es un derecho, sino un don y una gracia de Dios que da a quien Él quiere y que muchas veces no logramos entender porqué yo sí y otro no.
Pedro Trevijano Etcheverria
Estamos celebrando el año santo sacerdotal con motivo del ciento cincuenta aniversario de la muerte del Cura de Ars, y descubro con un cierto disgusto que ni un solo artículo mío este año lo he dedicado al sacerdocio.
Una primera introducción puede ser por qué me hice sacerdote. Recuerdo que me impactó mucho cuando era niño o adolescente el leer que Colbert, el ministro de Hacienda de Luis XIV y para quien el inicio de su carrera había sido un acto de honradez, en su lecho de muerte exclamó: “me he pasado la vida sirviendo al Rey y no a Dios. Hoy me presento delante de Dios con las manos vacías”. Prescindiendo que tal vez no fuese así, sí pensé que yo quería dar un sentido a mi vida y que el sacerdocio era una buena manera de hacerlo. Años más tarde, ya siendo seminarista, leí que un periodista había preguntado a un grupo de seminaristas que por qué eran seminaristas y uno de ellos le contestó: “Porque me parece que vale la pena apostar la vida por Cristo”.
Este año sacerdotal tiene como lema: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. Evidentemente la fidelidad de Cristo hacia nosotros no va a fallar. La invitación a ser sacerdote proviene de Él y el ser sacerdote nunca es un derecho, sino un don y una gracia de Dios que da a quien Él quiere y que muchas veces no logramos entender porqué yo sí y otro no. Y desde luego tengo que tener una cosa clara: su gracia no nos va a fallar. El que sí puede fallar soy yo. Lo que debemos tener claro es que a la fidelidad de Cristo tiene que corresponder la fidelidad del sacerdote. ¿De qué modo?
Ante todo hemos de ser gente con una fe profunda. Fe por supuesto en Cristo, “Camino, Verdad y Vida”(Jn 14,6), “Luz del mundo”(Jn 8,12), y no hagamos como un sobrinillo mío de tres años, que cuando su madre le enseñó el Jesusito de mi vida, ante la frase “y te doy mi corazón” le respondió “mi corazón es mío y no se lo doy a nadie”. Debemos entregar plenamente nuestro corazón a Dios, dejándonos empapar de la gracia de Dios.
Pero también hemos de tener fe en la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo. Como nos dice el cardenal vietnamita: F.X. Nguyen Van Tuan: “Ama a la Iglesia, obedece a la Iglesia, sé leal en tu relación con la Iglesia, ora por la Iglesia”. Uno de los grandes problemas de tantísimos fieles cristianos y de muchos sacerdotes es que no tienen ideas claras y no aceptan las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia. En la Última Cena de San Juan, lectura que recomiendo encarecidamente como meditación para Semana Santa, Jesús nos pide una y otra vez que guardemos sus mandamientos. Si así lo hacemos daremos testimonio de Jesús con la ayuda del Espíritu Santo que se servirá de nosotros para darle a conocer. Pero en todo caso voy a terminar con unas palabras de este cardenal, cuando tras su detención por los comunistas veía derrumbarse su obra:
“Una noche, desde el fondo de mi corazón, oí una voz que me sugería: ‘¿Por qué te atormentas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo lo que has hecho y deseas seguir haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, de hogares para estudiantes, misiones para evangelización de los no cristianos… todo eso es una obra excelente, son obras de Dios, pero ¡no son Dios! Si Dios quiere que abandones todas esas obras, poniéndolas en sus manos, hazlo pronto y ten confianza en Él. Dios hará las cosas infinitamente mejor que tú; confiará a otros que son mucho más capaces que tú. ¡Tú has elegido sólo a Dios, no a sus obras!’”.
Tras un texto así, creo que lo que nos conviene es repetir la petición de los apóstoles a Jesús: “Acrecienta nuestra fe” (Lc 17,5).
Pedro Trevijano, sacerdote
"El Sacerdote, hombre de caridad": lema del día de la caridad en España
06 Julio 2011
Publicado 2010/05/28
Autor: Gaudium Press
Madrid (Viernes, 28-05-2010, Gaudium Press) Este 6 de junio cuando la Iglesia celebra la fiesta de la Eucaristía, o Solemnidad del "Corpus Christi", España conmemorará, además, el "Día de la Caridad". Con el lema "Sacerdote, hombre de caridad" -tema que se presenta en unidad al Año Sacerdotal que culminará el próximo 19 de junio-, la fiesta de la caridad, incorporada al misterio del Cuerpo y la Sangre de Cristo, resalta de manera especial el ministerio del sacerdocio.
Con ocasión de esta conmemoración, la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE), dio a conocer un mensaje a los fieles de su país, para que mediten en el sacerdote como hombre de caridad.
"Invitamos a toda la comunidad cristiana a que este año la contemplación del Señor, presente verdadera, real y sustancialmente en la Eucaristía, bajo los signos del pan y del vino, nos lleve a valorar a nuestros sacerdotes como hombres de caridad, como los llamó Juan Pablo II, y a rezar especialmente por ellos, para que su ministerio sea una verificación y actualización del amor de Jesús ungido por el Espíritu", señaló la Comisión Episcopal en su mensaje.
Igualmente, invitó a reconocer el servicio de los sacerdotes en la esfera de la caridad, así como valorar la labor que ha desempeñado, y seguirá desempeñando, Cáritas Española en el ámbito parroquial, diocesano, regional y nacional.
El sacerdote es caridad por su configuración con Cristo Cabeza y Pastor
La Comisión de Pastoral Social también hizo referencia al sacerdote como hombre de caridad, afirmando que ella pertenece a él debido a su configuración con Cristo como Cabeza y Pastor. "El ministerio de la caridad pertenece a todo sacerdote por su bautismo, porque la caridad es tarea de todo fiel en la Iglesia. Pero además, pertenece al sacerdote por otras razones más particulares y hondas que nacen de su identidad y ministerio sacerdotal", agregó.
Al respecto, señaló que, como el Corazón de Jesús, "también el corazón del sacerdote se conmueve, se compadece con entrañas de amor ante el leproso, ante el herido en el camino, ante el excluido, ante los hambrientos, y hace presente para los pobres y desvalidos el amor misericordioso de Dios".
La caridad del sacerdote se expresa en la Eucaristía
Del mismo modo, en su mensaje, la Comisión de Pastoral Social de la CEE dijo que el ministerio de la caridad le incumbe al sacerdote por su configuración con Cristo Sacerdote, que se expresa de manera particular en la Eucaristía; "los sacerdotes en la Eucaristía ofrecen al Padre la vida entregada de Jesús para la salvación del mundo y, junto con Jesús, ofrecen su propia vida entregada por la salvación de los hombres".
En relación con el tema, y recordando algunas palabras de Benedicto XVI, quien dijo que para el sacerdote el celebrar la Eucaristía es implicarse en la dinámica de la entrega de Jesús, resaltó que la Eucaristía, al ser misterio de muerte y resurrección, "es la fuente de la espiritualidad que lleva a los sacerdotes a hacerse don, entrega total y generosa, hasta dar la vida, por amor, al servicio de los hermanos, especialmente de los más pobres".
Finalmente, la Comisión de la CEE recordó en su mensaje que la caridad pertenece al sacerdote, también por su misión frente a la comunidad, en la cual le compete "procurar que cada unos de sus fieles sea conducido por el Espíritu «a la caridad sincera y diligente»".
Gaudium Press / Sonia Trujillo
Sacerdote alemán martirizado por los nazis es beatificado
06 Julio 2011
Autor: Gauidum Press
Sección: Mundo
Dresden (Martes, 14-06-2011, Gaudium Press) Los fieles católicos alemanes celebraron en la mañana de ayer, la beatificación del sacerdote Alois Andritzki, martirizado en el campo de concentración de Dachau, Alemania. La ceremonia ocurrió en la ciudad de Dresden y contó con la presencia del prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato.
| Padre Alois |
Nacido el 2 de julio de 1914, en Radibor, Alemania, Alois Andritzki desde temprano tomó el rumbo de la vida religiosa. Después del colegio, estudió Filosofía y Teología, en Padebor, entre 1934 y 1937, siendo ordenado sacerdote en 1939, en la Catedral de San Pedro, en Bautzen. Posteriormente, fue nombrado capellán de la Hofkirche de Dresden, responsable por la Pastoral de Juventud y director de los "Pueri Cantores".
Debido a su desacuerdo con el régimen nazi, el Padre Alois fue sometido a un interrogatorio por la policía secreta alemana Gestapo. En 1941, fue preso, acusado de ataques contra el Estado y el Partido, siendo deportado en el mismo año para el campo de concentración de Dachau. En 1943, se enfermó de tifus, y fue muerto poco después por los guardias con una inyección. Sus cenizas fueron enterradas en el Cementerio Católico, en Dresden.
El proceso de beatificación de Padre Alois fue iniciado por el obispo de Dresden-Meissen, Mons. Joachim Reinelt el 2 de julio de 1998. El 10 de diciembre del año pasado, el Papa Benedicto XVI autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el decreto sobre el martirio del sacerdote muerto en el campo de concentración nazi.
Con información de Radio Vaticana.
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