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La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"La castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado. También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad". Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!". Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Les enseñaba el Cura de Ars, "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración". Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...". "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis". Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la hostia con amor" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010 (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)

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Últimas noticias

La Santa Sede reacciona con firmeza ante los abusos del régimen de Pekín

29 Diciembre 2010

A comienzos de diciembre se celebró en Pekín la octava Asamblea de Representantes católicos chinos, convocada por las autoridades políticas del Régimen en un claro enfrentamiento con Roma, tras años de progresivo acercamiento. Ha supuesto una clara violación del derecho a la libertad religiosa, que se suma a la consagración del obispo de Chengde, forzada por el Gobierno contra la previa oposición romana. La Santa Sede ha reaccionado con un duro comunicado difundido por la Oficina de Prensa vaticana el pasado día 17.

La Santa Sede lamenta, ante todo, las fuertes presiones –también físicas– que recibieron numerosos obispos, sacerdotes y fieles, en plena comunión con Roma, para asistir a esa Asamblea, en contra de su voluntad. Refleja que, a pesar del tiempo transcurrido, Pekín no renuncia al “deseo persistente de controlar la esfera más íntima de la vida de los ciudadanos, es decir, su conciencia, y de interferir en la vida interna de la Iglesia Católica”.

Participación forzosa

La nota oficial del Vaticano no sólo lamenta, sino que se permite –algo poco frecuente  dar cierta interpretación de lo sucedido: “parece ser un signo de miedo y debilidad, más que de fuerza, de una intolerancia intransigente y no de apertura a la libertad y al respeto efectivo tanto de la dignidad humana como de una distinción correcta entre las esferas civil y religiosa”.

Roma señala que Pekín no renuncia a controlar la conciencia de los ciudadanos, ni a interferir en la vida interna de la Iglesia Católica

El texto deja claro que la Santa Sede había hecho saber a todos, públicamente, que no debían participar en el evento. Por tanto, recuerda la responsabilidad de obispos y pastores ante Dios y ante la Iglesia: “también tendrán que hacer frente a las expectativas de sus respectivas comunidades, que tienen derecho a recibir de su propio pastor una guía segura en la fe y en la vida moral”.

Desde luego, como muchos obispos y sacerdotes se vieron obligados a participar, conducidos forzosamente por fuerzas policiales, la Santa Sede “condena esta grave violación de sus derechos humanos, en particular su libertad de religión y de conciencia”. A la vez, “expresa su más profunda estima por quienes, de distintas maneras, han dado testimonio de su fe con valentía e invita a los demás a orar, hacer penitencia y, a través de sus obras, a reafirmar su voluntad de seguir a Cristo con amor, en plena comunión con la Iglesia universal”.

En estas circunstancias, se impone a los fieles de China hacer un profundo ejercicio de examen y de humildad, de comprensión y paciencia. Y Roma exhorta a los pastores “a proseguir con valentía sosteniéndoles frente a las imposiciones injustas que encuentran en el ejercicio de su ministerio”.

Nombramientos inaceptables

En el plano jurídico, durante la Asamblea, fueron designados los responsables de la llamada Conferencia Episcopal y de la Asociación Patriótica Católica de China. Ese Colegio de Obispos Católicos de China no puede ser reconocido como Conferencia Episcopal por la Sede Apostólica, porque no admite a los obispos "clandestinos", no reconocidos por el Gobierno, que están en comunión con el Papa. Menos aún, cuando un obispo ilegítimo ha sido designado presidente de la Conferencia y uno legítimo al frente de la Asociación Patriótica, olvidando que la independencia es contraria a la doctrina de la Iglesia, “una, santa, católica y apostólica” desde los más antiguos símbolos de la fe. En su carta de 2007 a los fieles de China, el Papa Benedicto XVI recordó expresamente la incompatibilidad absoluta entre la doctrina de Roma y esa asociación controlada por el gobierno.

La nota de la Oficina de Prensa elogia el gran desarrollo de China, pero lamenta que no ponga en práctica “las exigencias de la libertad religiosa genuina, a pesar de que en su Constitución declara que la respeta”. Las últimas decisiones hacen “más difícil el camino de la reconciliación entre los católicos de las ‘comunidades clandestinas’ y los de las ‘comunidades oficiales’, con lo que inflige una herida profunda no sólo a la Iglesia en China, sino también a la Iglesia universal”.

"En China, no hay todavía libertad de religión”, escribió el cardenal Joseph Zen de Hong Kong, un estrecho colaborador del Papa Benedicto XVI, en un artículo publicado el 14 de diciembre en el sitio de la Unión de los católicos en Asia. Se refiere expresamente a la que considera una "acción destructiva" y lamenta "la desgracia para el país" que supone.

La oración por los cristianos chinos

Como era previsible, Pekín ha criticado duramente la protesta de Roma, que considera “peligrosa” y “dañina”. Un comunicado de la Oficina de Asuntos Religiosos presenta todo como una injerencia extranjera en los asuntos chinos.

Los católicos no consiguen adivinar por qué el gobierno sabotea el acercamiento entre la Iglesia oficial y las comunidades fieles al Papa. Anthony Lam, un investigador de Hong Kong, supone que se trata de una afirmación de poder dentro de la administración comunista. "La Oficina de Asuntos Religiosos quiere demostrar que controla la situación, que no ha cedido ante el Vaticano". Otros observadores sugieren el avance de una "línea de extrema izquierda" dentro del partido.

A pesar de tantas dificultades, los católicos chinos siguen empeñados en vivir su fe con serenidad. Según informaba la agencia Fides el día 21, “la fe, la evangelización, la caridad, la solidaridad, la promoción vocacional: sobre estos temas principales la comunidad católica china del continente está viviendo su camino de preparación para la Navidad. Hay varias iniciativas y eventos preparados para estos días, que dibujan un panorama general de cómo los católicos de China viven la espera del Señor”.

En fin, el texto del Vaticano subraya en sus últimas líneas que sigue siendo apremiante la invitación del Santo Padre “dirigida el 1 de diciembre de 2010 a todos los católicos del mundo para que recen por la Iglesia en China, que está atravesando un momento particularmente difícil”. Ya en la carta de mayo de 2007, manifestó su deseo de que el 24 de mayo, memoria de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos, que se venera con tanta devoción en el santuario mariano de Sheshan, en Shangai, fuese una jornada de oración por la Iglesia en China.

   

BENEDICTO XVI FELICITA LA NAVIDAD A LA CURIA ROMANA

29 Diciembre 2010

CIUDAD DEL VATICANO, 20 DIC 2010 (VIS).-Esta mañana, en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano, tuvo lugar el tradicional encuentro del Santo Padre con los cardenales, arzobispos y obispos y miembros de la Curia Romana y de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano para el intercambio de felicitaciones navideñas.

Recordando los eventos principales de 2010, el Papa se refirió al Año sacerdotal, que comenzó “con gran alegría y gracias a Dios, concluimos con mucha gratitud, a pesar de que se desarrollara de una manera tan diferente de cómo habíamos esperado. En nosotros sacerdotes y en los laicos, precisamente también en los jóvenes, se ha renovado la conciencia del don del sacerdocio de la Iglesia Católica, que nos ha sido confiado por el Señor. Una vez más -dijo-, hemos sido conscientes de lo hermoso que es que haya seres humanos autorizados a pronunciar en nombre de Dios y con pleno poder la palabra perdón, y que así sean capaces de cambiar el mundo, la vida; qué hermoso es que seres humanos estén autorizados a pronunciar las palabras de la consagración, (…) qué hermoso es poder estar, con la fuerza del Señor, cerca de la gente en sus alegrías y sufrimientos”.

“Nos ha sorprendido precisamente este año que en una dimensión inimaginable, hayamos conocido la existencia de abusos contra menores por parte de sacerdotes, que convierten el Sacramento en su contrario: bajo el manto de lo sagrado hieren profundamente a la persona humana en su infancia y le producen un daño para toda su vida”.

El Papa señaló que en este contexto le había venido a la mente “una visión de Santa Hildegarda de Bingen, que describe de modo sorprendente lo que hemos experimentado este año”.

“En la visión de Santa Hildegarda, el rostro de la Iglesia está cubierto de polvo, y así lo hemos visto. Su vestido está desgarrado -por culpa de los sacerdotes-. Al igual que ella lo vio y expresó, así lo hemos vivido este año. Debemos acoger esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva. Debemos preguntarnos qué podemos hacer para reparar todo lo posible la injusticia producida. Tenemos que preguntarnos en qué nos hemos equivocado en nuestro anuncio, en nuestro modo de configurar el ser cristiano, de modo que pudiese suceder una cosa así”.

“Tenemos que encontrar -añadió- una nueva determinación en la fe y en el bien. Debemos ser capaces de penitencia. Debemos esforzarnos por hacer todo lo posible, en la preparación al sacerdocio, para que no se repita una cosa como esta. Este es también el lugar para agradecer de corazón a todos aquellos que están comprometidos en ayudar a las víctimas y en restablecer su confianza en la Iglesia, la capacidad de creer en su mensaje”.

Benedicto XVI recordó que en sus encuentros “con las víctimas de este pecado”, siempre había hallado a “personas que con gran dedicación, están junto a quien sufre y ha sufrido daños. Esta es la oportunidad para agradecer también a tantos sacerdotes buenos que transmiten con humildad y fidelidad la bondad del Señor, y en medio de las devastaciones, son testigos de la belleza no perdida del sacerdocio”.

“Somos conscientes –afirmó- de la especial gravedad de este pecado cometido por sacerdotes y de nuestra correspondiente responsabilidad. Pero no podemos permanecer en silencio sobre el contexto en el que se dan estos eventos. Hay un mercado de la pornografía de los niños, que de alguna manera parece ser considerado cada vez más por la sociedad como algo normal. La devastación psicológica de los niños, en la que seres humanos son reducidos a un producto del mercado, es un terrible signo de los tiempos”.

El Santo Padre mencionó posteriormente el problema de la droga, “que con una fuerza creciente extiende sus tentáculos de pulpo en todo el mundo. (…) Todos los placeres resultan insuficientes y el exceso en el engaño del encanto se convierte en una violencia desgarra regiones enteras, y esto en nombre de un fatal malentendido de la libertad, donde precisamente la libertad del ser humano es socavada y al final totalmente anulada”.

“Para oponernos a estas fuerzas debemos revisar sus fundamentos ideológicos. En los años setenta, la pedofilia se teorizó como algo totalmente conforme con el hombre y con el niño. Sin embargo, esto formaba parte de una perversión fundamental del concepto de “ethos”. (…) Nada sería en sí mismo bueno o malo. Todo dependería de las circunstancias y de la finalidad perseguida. (…) La moral es sustituida por un cálculo de las consecuencias y por lo tanto deja de existir. Los efectos de estas teorías hoy son evidentes. Frente a ellos, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica “Veritatis splendor”, de 1993, indicó con fuerza profética en la gran tradición racional del “ethos” cristiano las bases esenciales y permanentes del actuar moral. Este texto debe proponerse nuevamente como camino en la formación de la conciencia”.

Benedicto XVI citó a continuación el Sínodo de las Iglesias de Oriente Medio, que comenzó con la entrega del “Instrumentum laboris” durante su viaje a Chipre en el mes de junio. “Aunque todavía no hayamos alcanzado la comunión plena -dijo el Papa refiriéndose a la Iglesia Ortodoxa- hemos constatado (...) que la forma básica de la Iglesia antigua nos une profundamente: el ministerio sacramental de los obispos como portadores de la tradición apostólica, la lectura de la Escritura según la hermenéutica de la “regula fidei”, la comprensión de la Escritura en la unidad multiforme centrada en Cristo, desarrollada gracias a la inspiración de Dios y, por último, la fe en la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia”.

“Hemos visto la rica cultura cristiana del Oriente. Pero también el problema del país dividido. Han salido a la luz las culpas del pasado y las heridas profundas, pero también el deseo de paz y de comunión que había existido antes. Todos son conscientes de que la violencia no reporta progreso-, de hecho ha creado la situación actual. Sólo mediante el compromiso y el entendimiento mutuo se puede restaurar la unidad. Preparar a las personas a esta actitud de paz es una tarea esencial de la pastoral”.

“El Sínodo amplió su mirada a todo Oriente Medio, donde conviven fieles pertenecientes a diversas religiones y a múltiples ritos y tradiciones distintas. (...) Los disturbios de los últimos años han hecho que se tambalease la historia de la con-división, (...) de modo que una y otra vez, somos testigos de actos de violencia que ya ni siquiera respetan lo que es sagrado para el otro. (...) En la situación actual, los cristianos son la minoría más oprimida y torturada. Durante siglos han vivido en paz con sus vecinos, judíos y musulmanes. En el Sínodo hemos escuchado las sabias palabras del Consejero del Muftí de la República del Líbano contra los actos de violencia contra los cristianos. Dijo que cuando se hiere a los cristianos a ellos también se les hiere. Lamentablemente, ésta y otras voces de la razón, a las que estamos profundamente agradecidos, son demasiado débiles. También en este caso, el obstáculo es la conexión entre el afán de lucro y la ceguera ideológica”.

“Sobre la base del espíritu de la fe y de su racionalidad -prosiguió el Papa- el Sínodo ha desarrollado un gran concepto del diálogo, el perdón mutuo y la aceptación, un concepto que ahora debemos proclamar al mundo. El ser humano es uno sólo y la humanidad es una sola. Lo que se hace en cualquier lugar contra el ser humano al final daña a todos. Las palabras (...) del Sínodo deben ser un aldabonazo para todas las personas con responsabilidades políticas o religiosas para que pongan freno a la cristianofobia, se levanten para defender a los refugiados y a los que sufren y revitalicen el espíritu de reconciliación”.

El pontífice abordó a continuación su viaje a Reino Unido, en septiembre, durante el cual beatificó al cardenal John Henry Newman. El hilo conductor de su argumentación fue “la responsabilidad de los cristianos en esta época y la tarea de la Iglesia de anunciar el Evangelio”.

Refiriéndose a su encuentro con el mundo de la cultura en Westminster Hall, el Papa citó las palabras de Alexis de Tocqueville, cuando observó que “en América la democracia fue posible y funcionó porque había un consenso moral básico que yendo más allá de las denominaciones individuales, unía a todos. Sólo si existe un consenso en lo esencial, las constituciones y el derecho funcionan. Este consenso fundamental procedente del patrimonio cristiano está en peligro cuando la mera racionalidad suplanta el lugar de la razón moral. (...) Esta es una ceguera de la razón ante lo esencial. Luchar contra esta ceguera y conservar la capacidad de ver lo esencial, de ver a Dios y al ser humano, lo que es bueno y lo que es verdadero, es el interés que debe unir a todos los hombres de buena voluntad. Está en juego el futuro del mundo”.

Del cardenal Newman el Papa subrayó su conversión “a la fe en el Dios vivo”, en la que reconoce que “Dios y el alma, el ser mismo del hombre, en ámbito espiritual, constituyen lo que es verdaderamente real, lo que es importante. (...) Cuando la conversión es así no cambia sólo una teoría, cambia la forma fundamental de la vida. Todos necesitamos esa conversión una y otra vez: entonces estamos en el camino acertado”.

“La fuerza motriz que impulsó a Newman a lo largo del camino de la conversión fue la conciencia -subrayó el Santo Padre- (...) entendida como la capacidad de verdad del ser humano, la capacidad de reconocer en las áreas decisivas de la vida -la religión y la moral- (...) la verdad. La conciencia, la capacidad del ser humano de reconocer la verdad, le impone al mismo tiempo el deber de caminar hacia ella, (...) y de someterse a ella cuando la encuentra. (...) El camino de la conversión de Newman es un camino de la conciencia -un camino que no es el de la subjetividad que se afirma, sino por el contrario, el de obediencia a la verdad que poco a poco se abría ante él”.

Por último, el Papa habló brevemente de sus viajes a Malta, Portugal y España, donde “se hizo visible una vez más que la fe no es una cosa del pasado, sino un encuentro con el Dios que vive y actúa ahora”.
AC/ VIS 20101220 (1750)

   

Benedicto XVI: los fundamentos ideológicos de la crisis de abusos sexuales

22 Diciembre 2010

En su discurso de felicitación de la Navidad a la Curia Romana, Benedicto XVI ha hecho una amplia referencia a los fundamentos ideológicos de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes.

En su discurso de felicitación a la Curia Romana, que suele ser como un resumen de acontecimientos destacados del año, Benedicto XVI ha hecho una nueva referencia a la crisis de abusos sexuales del clero, atendiendo también a sus fundamentos ideológicos.

Hizo alusión a una visión que cuenta la mística Hildegarda de Bigen, en la que aparecía una bella mujer que representaba a la Iglesia, pero con el rostro cubierto de polvo y el vestido desgarrado, por culpas que la visión atribuía al mal comportamiento sacerdotal.

“Así como ella lo vio y expresó, lo hemos vivido este año”, comentó el Papa. “Debemos aceptar esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva. Debemos preguntarnos qué podemos hacer para reparar lo más posible la injusticia cometida. Debemos preguntarnos qué era equivocado en nuestro anuncio, en toda nuestra forma de configurar el ser cristiano, de manera que una cosa semejante pudiera suceder. Debemos encontrar una nueva determinación en la fe y en el bien. Debemos ser capaces de penitencia. Debemos esforzarnos en intentar todo lo posible, en la preparación al sacerdocio, para que una cosa semejante no pueda volver a suceder.”

Al mismo tiempo el Papa agradeció también su labor “a todos aquellos que se han empeñado en ayudar a las víctimas y en devolverles la confianza en la Iglesia, la capacidad de creer en su mensaje. En mis encuentros con las víctimas de este pecado, siempre he encontrado a personas que, con gran dedicación, están al lado de quienes sufren y han sufrido daño. Ésta es la ocasión también para dar las gracias a tantos buenos sacerdotes que transmiten en humildad y fidelidad la bondad del Señor y que, en medio de las devastaciones, son testigos de la belleza no perdida del sacerdocio.”

Una concepción errada de la moral

Pero el Papa no se limitó a señalar una vez más la lacra de los abusos, sino que echó una mirada a “sus fundamentos ideológicos.” “En los años 70, la pedofilia fue teorizada como algo totalmente conforme al hombre y también al niño. Esto, sin embargo, formaba parte de una perversión de fondo del concepto de ethos. Se afirmaba – incluso en el ámbito de la teología católica – que no existían ni el mal en sí ni el bien en sí. Existirían sólo un ‘mejor que’ y un ‘peor que’. Nada sería de por sí bueno o malo. Todo dependería de las circunstancias y del fin pretendido. Según los fines y las circunstancias, todo podría ser bueno o también malo. La moral se sustituyó por un cálculo de las consecuencias y con ello dejó de existir.”

“Los efectos de tales teorías son hoy evidentes. Contra ellas el papa Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis splendor de 1993, indicó con fuerza profética en la gran tradición del ethos cristiano las bases esenciales de la actuación moral. Este texto debe ser puesto hoy nuevamente en el centro como camino en la formación de la conciencia.”

Sin dejar de reconocer “la particular gravedad de este pecado cometido por sacerdotes”, Benedicto XVI ha señalado también fenómenos preocupantes del contexto actual contra los que la sociedad no lucha con decisión y que ponen en peligro a los niños y jóvenes. “Existe un mercado de la pornografía que afecta a los niños, que de alguna forma parece ser considerado por la sociedad cada vez más como algo normal. La destrucción psicológica de niños, cuyas personas son reducidas a artículo de mercado, es un espantoso signo de los tiempos.” Igualmente, en muchos países del Tercer Mundo, “el turismo sexual amenaza a una generación entera y la daña en su libertad y en su dignidad humana.”

En este contexto, se plantea también el problema de la droga: “Todo placer resulta insuficiente y el exceso en el engaño de la embriaguez se convierte en una violencia que destruye regiones enteras, y esto en nombre de un malentendido fatal de la libertad en el que precisamente la libertad del hombre es minada y al final anulada del todo.”

   

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