S. Padre Pio
01 Septiembre 2009
Uno de los pocos laicos que participó en el concilio Vaticano II, Jean Guitton, declaraba en octubre de 1968: «Emitir un juicio sobre el padre Pío será algo largo y complejo, pero habrá millares de testigos que dirán que acrecentó en ellos la convicción de la presencia divina y de la verdad del Evangelio». Efectivamente, en un siglo marcado fuertemente por el ateísmo teórico y práctico, Dios se dignó presentarnos una señal manifiesta de su presencia, y ese hermano capuchino, en quien Jesucristo quiso renovar el misterio de su Pasión durante medio siglo, es un testigo excepcional. Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999, el padre Pío recuerda a los cristianos y a toda la humanidad que Jesucristo es el único Salvador del mundo (Cf. Dominus Iesus, 6 de agosto de 2000).
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