This page require Adobe Flash 9.0 (or higher) plug in.

La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"La castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado. También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad". Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!". Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Les enseñaba el Cura de Ars, "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración". Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...". "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis". Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la hostia con amor" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010 (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)

  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?

El sacerdote es indispensable

«La Iglesia necesita sacerdotes santos», marcados por la devoción a la Eucaristía y el celo por la salvación de las almas, «que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos». Éstas son algunas de las claves que ha dado el Papa en la inauguración del Año Sacerdotal, que se celebra con ocasión del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars


La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús marcará el inicio y el final, en 2010, de este Año Sacerdotal. No es casualidad. En Él «está expresado el núcleo esencial del cristianismo», explicó el Papa, el pasado viernes, en su homilía de Vísperas, en la basílica de San Pedro. Tras acoger y venerar las reliquias de san Juan María de Vianney, el santo Cura de Ars, a quien el Papa proclamará este año Patrono de todos los sacerdotes del mundo, Benedicto XVI recordó que la misión del sacerdote es «indispensable para la Iglesia y para el mundo», y «requiere fidelidad total a Cristo e incesante unión con Él».
Quedaba inaugurado el Año Sacerdotal, con un mensaje que enlazaba a la perfección con el Año Paulino, a punto de concluir. A los sacerdotes, y en especial a los párrocos, Benedicto XVI les invita a «dejarse conquistar plenamente por Cristo». Y les recuerda que «nada hace sufrir más a la Iglesia que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en ladrones de ovejas, o porque las desvían con sus doctrinas privadas, o porque las atan con los lazos del pecado y la muerte».
En la víspera, se hizo pública una Carta del Papa a los 400 mil sacerdotes de la Iglesia, en la que explica que «este Año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo». Comienza el Santo Padre con un recuerdo personal del párroco con el que inició su ministerio de joven sacerdote. Su entrega sin reservas no pudo quedar más clara en el momento de su muerte, mientras «llevaba el viático a un enfermo grave». Esa misma entrega -añade- la vemos en «tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión» e incluso «perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre».
Las almas cuestan la sangre de Cristo
La Carta, de la que Alfa y Omega informará más ampliamente en próximos números, es un bello texto repleto de referencias al Cura de Ars. De él pueden aprender hoy los sacerdotes «una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia». Dice así el Papa: «Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesionarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento». No, si al sacerdote le consume «el celo apostólico por la salvación de las almas». Benedicto XVI recuerda que el Cura de Ars daba una penitencia pequeña a los fieles, y hacía él el resto. «Su enseñanza sigue siendo válida para todos -dice el Papa-: las almas cuestan la sangre de Cristo, y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el alto precio de la Redención».
En la misma medida, es la devoción eucarística lo que definía a san Juan María de Vianney. «¡Oh, qué grande es el sacerdote! -cita el Papa al Cura de Ars-. Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la Redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros».
La importancia del celibato
No es una clericalización de la Iglesia lo que pide el Papa, sino que todos, y, en primer lugar, los propios sacerdotes, redescubran la dignidad del ministerio. Al mismo tiempo, Benedicto XVI invita a «poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos». Y en otro párrafo, anima a los presbíteros a «percibir la nueva primavera que el espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades han contribuido positivamente».
Pero estar en el mundo -como ha reiterado últimamente en diversas ocasiones- no implica dejarse contaminar por él. En la Carta a los presbíteros, Benedicto XVI habla, en particular, de la importancia del celibato. «La castidad brillaba en su mirada», decían del cura de Ars, «y los fieles -subraya el Papa- se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario, con los ojos de un enamorado».
Para informar sobre estas y otras noticias relacionadas con el Año Sacerdotal, la Congregación para el Clero ha abierto la página web http://annussacerdotalis.org
Ricardo Benjumea

 

Trackback(0)
Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy

¿Te gusta nuestra página?

Haz un donativo a la Asociación Revaloria (sin ánimo de lucro), para que esta web sobre los sacerdotes pueda seguir funcionando:

Te escuchamos:

Soy el creador y gestor de esta web. Te escucho en las redes sociales:

Facebook Twitter

Seguirme en Twitter es gratis y libre de emisiones de CO2: haces un favor a tu economía y al planeta :-)

Publicidad:

CatInfor.com: información católica actualizada

Revaloria.org: difundiendo valores cristianos por internet

Descargar libros gratis

palabra