Consagrados: una respuesta hoy, ayer y siempre
08 Febrero 2011
Ya en el cristianismo primitivo, brotaron diferentes modos de vida consagrada, como por ejemplo las vírgenes y los eremitas -formas restauradas por el Concilio Vaticano II-, o la vida monástica, seguida de las Órdenes mendicantes con san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán, y las apostólicas, con san Ignacio o san Juan de Dios. En tiempos de la Ilustración, nacieron muchas Congregaciones religiosas y Sociedades de Vida apostólica, como la de san Vicente de Paúl.
La Iglesia se adecua a los tiempos. Por eso, en la edad contemporánea «han nacido los Institutos seculares de consagrados y consagradas que viven los consejos evangélicos en medio del mundo, así como otras nuevas formas de vida consagrada con presbíteros y consagrados o consagradas laicales», explica don Joaquín Martín Abad, Vicario episcopal para la Vida consagrada de la archidiócesis de Madrid. También ahora, en la postmodernidad, «sin que canónicamente pertenezcan a la vida consagrada, en torno o dentro de movimientos y asociaciones, hombres y mujeres emiten compromisos sobre los consejos evangélicos de forma privada con la aprobación del Consejo Pontificio para los Laicos, como, por ejemplo, la Institución Teresiana, el movimiento de los Focolares, la asociación Memores Domini, o el movimiento Regnum Christi, entre otros», señala don Joaquín.
Hoy podemos encontrar en España, predominantemente, seis tipos de vida consagrada: los monjes y monjas en la vida contemplativa; los religiosos y religiosas en la vida activa -el cuidado pastoral, la enseñanza, la atención a los pobres y enfermos...-; los Institutos seculares, cuyos miembros viven su consagración a Dios en medio del mundo; el Orden de las Vírgenes consagradas; las Sociedades de Vida apostólica -como las Hijas de la Caridad, de san Vicente de Paúl-, y las nuevas formas de vida consagrada, Institutos nacidos de nuevos impulsos espirituales y apostólicos. Prácticamente no hay misión en la Iglesia o necesidad en la sociedad que no tenga a su servicio hombres y mujeres consagrados.

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